Gabriel Aramouni: Del claustro a la realidad laboral


Nadia Nasanovsky

El diagnóstico es contundente: el mundo académico y el de las empresas ya no pueden darse el lujo de existir por separado si quieren contribuir de forma significativa a la creación de conocimiento y generar transformaciones productivas de la sociedad. Integrarse o perecer parece ser la consigna para las universidades, que enfrentan, por un lado, un alumnado que exige una rápida inserción profesional, y, por el otro, un mercado laboral que demanda profesionales con nuevas habilidades y que estén dispuestos a volver a las aulas a buscar respuestas a problemas cotidianos.

"El saber no está solo en el mundo de la academia, en el mundo del pensar sino que este debe unirse con el mundo del obrar", asevera Gabriel Aramouni, director del Centro de Educación Empresaria y de la Escuela de Administración y Negocios de la Universidad de San Andrés (UdeSA). "Uno no se puede terminar de formar si no es trabajando", asegura. Para Alicia Caballero, decana de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Qitólica Argentina (UCA) que tiene a su cargo el vínculo entre la entidad v las empresas, "la acción sin reflexión puede conducir a eirores y el análisis sin acción puede no tener impacto", por lo que claustro y empresa se vuelven ámbitos totalmente complementarios, indispensables para el desarrollo de un país.

"La universidad ayuda a descubrir la teoría que está detrás de la práctica con el objeto de validarla o cuestionarla, y para mejorar la practica futura", detalla Aramouni. "La facultad le da a la empresa un método, una sistematización, clave para que pueda convertirse en una organización que aprende, que es el gran desafío que trae el mundo hoy". Según Aramouni, el estar conectada con el mundo del trabajo, en tanto, le permite a la universidad adaptar sus programas de estudio a las demandas del mercado laboral al que ingresarán sus egresados, y capacitar a los docentes, que, al estaren contacto directo con casos reales, ganarán en profundidad de análisis. "Vamos a desaparecer si no somos capaces de entender qué está pasando en el mundo de los negocios", asevera. Pero la prueba definitiva para medir el grado de éxito de este proceso está en los alumnos y egresados universitarios y en su ingreso al mundo laboral. Los expertos consultados coinciden en que los conocimientos técnicos propios de cada disciplina son condiciones que las empresas consideran como dadas a la hora de contratar personal, mientras que lo que de verdad toman en cuenta a la hora de seleccionar futuros trabajadores son las denominadas softs skills o habilidades blandas.

"Hay un déficit de personas preparadas no solo para resolver problemas sino también para saber definirlos en ambientes complejos", asegura Andrés realidad Los ejecutivos a clase Agres, director de ta Escuela de Ingeniería v (lestión del Instituto Tecnológicode Buenos Aires (I'l'BA). "I as capacidades comunicativas, creativas e interdisciplinarias son cada día más importantes", explica, ysostiene que desde la institución que lidera buscan que los egresados sean capaces de "actuar como integradoresque puedan sintetizar, operar y gestionar cruzando fronteras, ya sean técnicas u organizacionales". (!aballero,en tanto, destaca como algunas de las habilidades más buscadas en los graduados de la UCA el saber trabajar en equipo y el poder analizar grandes volúmenes de información. "La forma de evaluar a los futuros empleados varió mucho en los últimos años", asegura, y señala que el empleador ahora busca ver al postulante en acción, al frente de desafíos, y medir su tolerancia a la frustración, el respeto hacia el otro, su capacidad de innovar, entre otros aspectos. "Ha 20 o 30 años, en cambio, la actitud no era una variable bajo análisis, solo importaba el conocimiento o la especialización", destaca.

Pero formar profesionales con estas características no es tarea fácil. "La cantidad de competencias y conocimientos que un graduado debe incorporar sigue en ascenso, mientras que el tiempo disponible para transmitirlo tiende a disminuir", apunta Agres.

Bolsas de trabajo, programas de prácticas profesionales, talleres de preparación para la primera entrevista v ferias de trabajo, que funcionan como punto de encuentro entre empresas y estudiantes avanzados, son algunas de las herramientas más conocidas que implementan las universidades para acercar a alumnos y egresados al mercado laboral. Sin embargo, para que los futuros profesionales estén realmente a la altura de lo que el mercado espera de ellos, las universidades se ven obligadas a adaptarse, a ofrecer al alumno una alianza mucho más integral con el mercado laboral, que abarque las distintas etapas de la cursada desde los primeros años.

"Las universidades tienen que tratar de complementar la formación con materias optativas, extracurriculares relacionadas con habilidades blandas", subraya Aramouni, y detalla los esfuerzos que desde UdeSA llevan adelante en este sentido, con foros donde- líderes empresarios comparten sus experiencias, la actualización permanente de los programas de estudio en base a la interacción con el mundo empresarial, la inclusión de materias optativas y actividades extracurriculares complementarias, entre otros. La estrategia del ITBA, en tanto, es "mantener un equilibrio positivo" entre la profundidad técnica y especialización de conocimientos, y los conocimientos interdisciplinarios, como los de índole social y comunicativa, a la vez que se fomenta la creatividad y el pensamiento sistémico en el alumno. Esta formación contrasta notablemente con la que hasta hace algunos años se requería de los egresados del Instituto.

"Antes se buscaba que un ingeniero fuera muy vertical, independiente opuesto casi a trabajaren equipo, con un pensamiento reduccionista, de simplificación y separación en partes y de conocimientos abstractos en algunos casos", rememora Agres. La situación en la UCA es similar. Más allá de los encuentros anuales que organiza la entidad desde hace años entre empresas, consultoras y alumnos. Caballero destaca el énfasis de la institución en mantenerlos planes de estudio al día con estas tendencias. "El emprendedorismo, por ejemplo, ya se volvió parte de la formación", señala. "Los programas se renuevan y también las metodologías. Por otra parte, cuando se detecta una necesidad específica pueden modificarse programas existentes, agregarse materias optativas, o dictarse un seminario para que los alumnos conozcan una nueva herramienta o lema que se torna necesario para su carrera", agrega.

Para Aramouni, las instituciones académicas tienen aún una gran deuda pendiente: incorporar definitivamente estos nuevos aspectos, que integran a la tarea empresaria como elemento indispensable de la formación del alumno en los planes de estudios formales; mientras que las empresas también deben hacer su parte y asumirse como un "hábitat natural de aprendizaje".

El Cronista
30 de Junio de 2016