Florencia Garramuño: Svetlana Alexievich y la literatura coral


El Premio Nobel de Literatura de 2015 para Svetlana Alexievich viene a confirmar una tendencia de la Academia Sueca de los últimos años: la predilección por literaturas que trabajan sobre dramas culturales y sociales y hacen de la escritura el testimonio de algún acontecimiento o experiencia –personal o colectiva. Patrick Modiano, Alice Munro, Herta Müller, Jean-Marie Gustave Le Clézio: todos ellos han merodeado con sus escrituras algún tipo de experiencia particular que se transmuta en palabras en obras que trabajan el lenguaje de modos originales para que aparezca en él, más allá del acontecimiento, la vivencia humana con todos sus matices.  

El caso de Alexievich viene a sumarse a esa lista: sus libros se han destacado por la búsqueda de un modo de apresar las emociones que determinados eventos producen en los individuos. “No me interesan los hechos sino las emociones”, ha dicho en una entrevista. La novedad y originalidad de sus textos radica en la preocupación por la experiencia colectiva, a la que se accede a través de una estructura de collage que reúne voces diversas, confesiones, fragmentos de diarios íntimos, conversaciones, monólogos y hasta documentos.

Sus textos dan así lugar a una literatura “polifónica”, como la nombró la Academia sueca al anunciar el premio, que da cuenta de la multiplicidad de los efectos que un mismo acontecimiento produce en diferentes individuos. A lo largo de libros como "Voces de Chernobyl" o "La guerra no tiene rostro de mujer", los hechos históricos sobre los que trabaja su literatura (la explosión nuclear de Chernobyl, la Segunda Guerra Mundial, la guerra soviética-afgana) aparecen por ello apenas como pretextos para acercarse al individuo y su sufrimiento. “Necesito atrapar a una persona en el momento en que ha sido sacudida”, dijo Alexievich en un reportaje. Se trata de una búsqueda formal que permita, según sus propias palabras, “la aproximación más cercana a la vida real. La realidad siempre me ha atraído como un imán, me ha torturado e hipnotizado; quise capturarla en el papel”.

La forma coral que ha ido desarrollando tiene sin dudas la ventaja de poder mostrar la multiplicidad y diversidad de pensamientos, sueños, emociones, vidas y deseos truncados, involucrando muchas veces a la propia autora en el descenso a esos infiernos que explora a través de entrevistas, búsquedas de documentos, e investigaciones.

¿La literatura ha pasado a convertirse en un sucedáneo de la experiencia? La exploración o explotación –si se quiere– del dolor de los otros puede ser un modo de exacerbar un deseo voyeurístico que Susan Sontag, en "Ante el dolor de los demás", identificó muy bien. Alexievich, sin embargo, no se demora en la exposición de la destrucción humana. A pesar del intenso contenido emocional, sus textos tienen una cualidad casi aséptica, quizás precisamente basada en el procedimiento del collage que parece recortar estas voces en el momento justo en que, al quebrarse, se convertirían en un ejemplo más de una cultura del shock y del consumo del shock. Más bien podría pensarse que en un mundo que nos somete a una cantidad enorme de experiencias empaquetadas y preformateadas que podrían haber llegado a anestesiarnos, una cierta parte de la literatura contemporánea –la que la Academia ha premiado en estos últimos años – parece buscar modos de despertar nuestros sentidos y afectos para recuperar algún resto de humanidad.

 

Bastión Digital
13 de Octubre de 2015
Svetlana Alexievich Literatura Premio Nobel