Entrevista con Ivan Matovich y Mariana Luzuriaga


“¿Te das cuenta que la mitad de tu familia trabaja en educación?”. Iván Matovich volvió a mirar el árbol genealógico que había armado en medio de un proceso de decisión acerca de qué rumbo académico debía seguir: Ciencias Económicas se había trabado al finalizar el primer año y recurrió a una orientadora vocacional. “Ahí entendí que ser educador no era algo ‘normal’ y pude desnaturalizarlo”.

Mariana Luzuriaga vio desde siempre a su mamá preparar las clases de inglés para el segundo grado del Colegio San Andrés, donde es docente desde hace casi 40 años. También le resultaba un paisaje común tener en la biblioteca los libros de su bisabuelo, Lorenzo, de los pedagogos más importantes de la Argentina y España, que en 1964 escribió: “Una de las más urgentes necesidades es atender a la educación de los que aún no la reciben de modo suficiente; llevar la cultura hasta las capas más profundas de la población”. Mariana dice que “en algún punto”, cuando estaba por terminar la escuela secundaria, reparó que “la educación era lo que tenía más presente” en su vida cotidiana y le gustó.

En la última ceremonia de graduación de la Universidad Iván fue premiado por su tesis “De doctorandos a doctores: La productividad de programas doctorales en distintos campos disciplinares”. Mariana, en tanto, recibió la distinción por ser el mejor Promedio de la Licenciatura y del Profesorado en Ciencias de la Educación.

“Después de terminar el colegio secundario trabajé como empleado administrativo en una clínica geriátrica ubicada en Haedo y que atendía, principalmente, a pacientes del PAMI. Ahí pude vivir en carne propia las injusticias del lugar, algunas situaciones de maltrato que me sensibilizaron bastante. Me decidí, entonces, por rever mi decisión e estudiar Ciencias Económicas y volcarme por Educación”, relató Iván.

“Cuando estaba terminando el secundario y se venía la decisión de qué estudiar tuve una cierta inclinación por la psicología, aunque no lo tenía muy en claro. Me gustaban muchas de las materias que tenía que cursar, aunque también podría haber hecho Bellas Artes o Medicina. Pero con Educación vi la oportunidad de hacer profesionalmente algo que hacía en el colegio y que era Servicio a la Comunidad: dábamos clase de apoyo escolar en distintas escuelas y comunidades, brindábamos acompañamiento a pacientes internados en geriátricos, etc.”, explicó Mariana.

+ San Andrés: Los dos, en cierto modo, hablaron de haber transitado situaciones de injusticias antes de decidirse por estudiar Educación. ¿Hasta qué punto ven que se trata de una profesión que puede remediarlas?

Iván Matovich: En el momento de tomar la determinación pude haberlo pensado, pero no en esos términos. En una de las primeras clases de la carrera tuve en la materia “Teorías de la Educación” un profesor que decía que no hay un antónimo de educación. Puede ser ignorancia, pero lo es más de conocimiento. La educación hace al ser humano: no hay una persona sin educación positiva o negativa. Después fui reconfigurando a la educación como un fenómeno capaz de darle a una persona la posibilidad de elegir quién quiere ser. Tener herramientas y conocimientos para una formación profesional. Que una persona pueda elegir qué quiere de su vida. Más que un remedio es ofrecer la oportunidad de ser otra cosa.

Mariana Luzuriaga: Estas experiencias me ayudaron a desnaturalizar todas las oportunidades académicas y extracurriculares que me daba el colegio para ver el mundo y conocerlo. Me impulsó a querer actuar. De hecho, en el segundo año de la carrera nos juntamos en un grupo con Iván y otros estudiantes que teníamos estas inquietudes sociales y armamos lo que está a punto de ser una ONG de alfabetización para adultos.

+ San Andrés: Ambos dan clases en San Andrés: Iván en el curso de ingreso y Mariana en la residencia pedagógica. ¿De qué modo hablan con los nuevos estudiantes de estos temas más sociales, por llamarlos de algún modo?

Iván Matovich: El curso de ingreso representa una instancia de evaluación que está orientada más a las habilidades cognitivas y menos a los conocimientos disciplinarios duros. En todas las clases se les aclara a los estudiantes que este objetivo tiene que ver con ser lo más justos posibles porque, si bien el conocimiento disciplinar es muy importante, al tratarse de una instancia de acceso o ingreso,  es necesario equiparar lo mejor posible las oportunidades. Si uno evaluara el conocimiento duro sólo accedería, de alguna manera, quien tuvo las mejores posibilidades a la hora de educarse.

Mariana Luzuriaga: En el caso de la residencia las experiencias están más atravesadas por estas diferencias sociales y se viven en carne propia, porque damos clases en universidades, en colegios secundarios públicos y privados y en institutos de formación docente. Inevitablemente los contextos te llevan a vivir ciertas desigualdades y todo el tiempo aparece la pregunta acerca de cómo gestionar eso desde el aula, de qué modo apostar por revertirlo desde el espacio que nos dan las instituciones; buscar una estrategia pedagógica para atender eso y resolverlo.

Iván Matovich: Si uno lo piensa en forma abstracta, en condiciones de desigualdad si uno hace lo mismo para todos lo único que hace es reproducir la desigualdad. Ante el que está en inferioridad de oportunidades hay que hacer más que para los otros, ya sea en el nivel inicial, primario, secundario o la universidad. Es la lógica que debería tenerse en cuenta.

+ San Andrés: ¿Cómo evalúan la situación actual de la educación a partir de las políticas implementadas en los últimos años?

Iván Matovich: Creo que hubo logros y desaciertos, cosas que quedan pendientes y se podían haber trabajado un poco más con la bonanza económica que se vivió. Lograr el mayor porcentaje del PBI invertido en educación es un logro importante y pone a la educación en agenda. No en los primeros lugares, como se vio en la última campaña electoral. Otro logro es la aplicación de la nueva Ley Nacional de Educación, la creación de las universidades en el conurbano bonaerense para fomentar así el ingreso al nivel superior. Son procesos que van a llevar muchos años pero que representan un progreso importante. Lo que quedó pendiente es dar una educación de calidad y hacer más por los que tienen menos, que es la única forma de cortar con la reproducción de la desigualdad. Hay una deuda pendiente fuerte que es la formación docente, una de las principales herramientas en la transformación de la política educativa. Ese es un aspecto difícil porque es la relación del Estado con los sindicatos.

Mariana Luzuriaga: Los tiempos de la educación no son los de la gestión. Lo que voy a decir es tan obvio como naif, pero creo que más allá de una gestión cuando se piensa en educación se tienen que generar consensos más allá de un proyecto. Se avanzó mucho en varios frentes: en educación sexual, en discapacidad y en inclusión. La intención está avanzada, pero hay que ver cómo se lleva a la práctica. Hay que hacer algo con los institutos de formación docente porque la situación es crítica. En este sentido creo que también se avanzó mucho a partir de la Ley de Educación Nacional y la creación del Instituto Nacional de Formación Docente (INFoD), pero si se queda en el plano estructural, sin lograr reformas profundas desde los contenidos y la pedagogía de la formación docente, es poco probable que los avances en el plano discursivo lleguen a las aulas e impacten en el aprendizaje de los chicos. Así no hay forma de hacer girar la rueda.

Iván Matovich: Es una decepción ver cómo se forman los docentes porque son ellos los que van a estar al frente del aula. No se puede hacer nada desde el diseño curricular si el que lo va a llevar a la práctica no lo puede interpretar o no se le ofrecieron las herramientas para hacerlo. Hay que pensar urgente en el largo plazo. Un chico entra a los 3 años en el ciclo educativo y sale a los 18. Cualquier proyecto educativo tiene que ser, mínimo, de 15 años. Hoy en día se reciben la mitad de los chicos que están en la secundaria.

Mariana Luzuriaga: Lo que queda es empezar a traducir esos lineamientos, definir qué es lo que buscamos y llevarlo a la práctica.