Juan Pablo Lucca

Juan Pablo Lucca

"Creemos en el cambio contínuo y que uno debe estar abierto a ello"

Para comprender el momento actual de mi vida tengo que remontarme seis años atrás cuando mi vida entera transcurría en el Campus de San Andrés, donde diseñaba la estrategía de Red San Andrés y al mismo tiempo desarrollaba mi tesis de licenciatura bajo la atenta mirada de Carlos Acuña. Antes de terminar mi carrera de grado ya había decidido emprender un viaje por el mundo con el objetivo de conocer otras culturas y seguir delineando el rumbo de la vida. El viaje, que en un comienzo duraría un año, se fue extendiendo hasta que en un determinado momento no existió fecha de regreso programada. Paréntesis aparte, el viaje no era en solitario. Partí junto a mi novia María, hacía seis meses que estábamos saliendo y decidimos emprender ese viaje, esa locura, juntos. El camino se fue delineando sobre la marcha, en un comienzo fue la aventura de conseguir trabajo en Andorra, allí mis primeras experiencias de trabajo en cocinas. Luego de una temporada el camino nos llevó hacia Marruecos, enamorados de la alegría andaluza paramos dos meses en el pueblo más austral de la penísula ibérica y allí me tocó ser vendedor ambulante de tickets para paseos en barco por el Estrecho de Gibraltar y más adelante cocinero de carnes argentinas en un popular restaurante de Tarifa. Luego vinieron deportaciones y cambios de planes en un viaje truncado en colectivo entre Barcelona y Sofia –capital búlgara-. Estambul desde el primer momento fue como una ciudad que nos recibió con las puertas abiertas. Un puente entre oriente y occidente al cual tuvimos la suerte de volver y revolver varias veces. Desde allí planificamos el viaje por India y el Sudeste Asiático –Tailandia, Laos, Vietnam, y Camboya-. Era un momento de decisiones, había transcurrido el primer año de viaje y debíamos decidir si continuar o retornar. Sin pensarlo demasiado, la decisión fue continuar. Regresamos a Andorra, donde me pusieron a cargo de una de las secciones de un restautante italiano y allí siguió incrementándose mi gusto por la cocina y los sabores. Durante los viajes por lejano oriente habíamos hecho varios cursos de cocina, compramos libros de cocina en todos los países y probamos cuanta cosa rara pasara frente a nuestra vista. Cuando terminó nuestra segunda temporada en Andorra decidimos hacer una parada en Toulouse para estudiar francés durante unos meses.El viaje continuó por tierra en Europa, pasamos por Alemania durante el mundial del 2006 y continuamos rumbo a los países bálticos, de allí cruzamos a Rusia y luego el legendario tren transiberiano nos transportó durante 7 días en los cuales recorrimos más de 9.000 km hasta llegar a Pekín. Atravesamos todo China de este a oeste y cruzamos los Himalayas hasta llegar a Pakistán. Luego vino la magia de Irán, sin duda de los lugares más hermosos y de gente más amable que nos haya tocado visitar. Luego nos adentramos en Medio Oriente pasando por Siria y luego el retorno obligado a Turquía y a Estambul.La tercera y última temporda de trabajo en Andorra me encontró como chef de un Ristorante Italiano. Cada vez más comodo en la cocina y con miles de sabores grabados en el paladar continuó el aprendizaje. Luego de un mes de recorrida por Europa decidimos cruzar el charco y emprender la última etapa del viaje. Un recorrido por tierra desde México hasta Argentina. En un primer momento iba a durar 6 meses y sería con las mochilas al hombro. Casi sin darnos cuenta nos compramos un Volkswagen Escarabajo del año 86 y nos lanzamos a la aventura de unir América Latina de norte a sur a bordo de “Frijolito”, nuestro nuevo compañero de viaje. Durante dicha odisea comenzamos a trabajar con las fotografías que habíamos ido tomando durante el viaje por oriente. Realizamos exposiciones de fotos en casas de amigos, en bares, en hoteles, en restaurantes, en galerías de arte, en centros culturales y en plazas de pueblos. Esto nos fue dando los medios para continuar el viaje y en determinado momento comenzamos a unir la fotografía con la gastronomía. Organizábamos veladas en las cuales exponíamos las fotografías y relatos escritos, al mismo tiempo preparábamos platos típicos orientales para que la gente probara y también ambientábamos con música recolectada durante los viajes. Durante todo este tiempo de viaje por América Latina fuimos conociendo personas, lugares y proyectos que dejaron una huella importante en nosotros. En ese entonces comenzaba a vislumbrarse la posibilidad de armar algo en la patagonia y dedicamos largas horas del viaje en el escarabajo para ir soñando un proyecto propio que nos permitiera unir las cosas que más disfrutábamos hacer: Experimentar con sabores e ingredientes, apreciar difernetes manifestaciones artísiticas y culturales, estar en armonía con el medio ambiente y brindar un espacio para que la comunidad pueda plantear inquietudes y organizar talleres y actividades. En todo este proceso estuvimos delineando el proyecto en el cual hoy estoy embarcado junto a María, compañera infatigalbe de viaje y de la vida desde hace más de seis años. Es necesario hacer esta aclaración para entender el por qué de lo que estamos haciendo en este momento. El nombre del Espacio que estamos armando es Todo Cambia. Creemos en el cambio continuo y que uno debe estar abierto a ello. Nuestro proyecto está ubicado en un paraje de 150 habitantes de la provincia de Neuquén llamado Villa Meliquina. No cuenta con municipio, servicio de agua corriente, gas natural ni red eléctrica. Es un pueblo que está comenzando a formarse en el año 2010. Todo está por hacerse y eso nos motiva. Nuestra idea es generar un espacio a través del cual podamos canalizar todos nuestros intereses y colaborar con el desarrollo sustentable del pueblo a través de concientización sobre el cuidado del medio ambiente, talleres, capacitaciones y un espacio abierto para las manifestaciones artísticas.