Laura Finkelberg
investigacion@udesa.edu.ar
Durante el siglo XIX la literatura argentina construyó un vigoroso corpus narrativo sobre un mundo que estaba más allá de las ciudades y que David Viñas resumió en su ya clásico Indios ejército y frontera (1984). Con el correr del tiempo, muchos de los textos que conforman ese corpus se fueron convirtiendo en clásicos nacionales. El estudio de estos escritos organizados desde la experiencia del viaje tierra adentro, desde una primera persona experiencial y al mismo tiempo desde una demanda institucional-estatal se construye con coordenadas complejas que narran el mundo de la Argentina del siglo XIX y al mismo tiempo lo construyen desde perspectivas que retoman imaginarios previos y configuran imaginarios futuros que pueden leerse en la narrativa más reciente sobre la pampa, la conquista del territorio y la lucha por la posesión de la tierra y de la identidad nacional. Esta área de estudio releva obras literarias y documentales, órdenes discursivos, instituciones, usos de géneros y de estrategias que son cruciales en la construcción de una idea de nación y de sus tramas.
El problema de la frontera atañe a la formación del Estado-nación y al establecimiento de tradiciones nacionales; por tratarse de un campo ligado a la definición del perímetro de la nacionalidad, excede a la nación como concepto. La cultura nacional siempre choca con su “exterior constitutivo” cuando busca producir autoimágenes, como ocurre en la narrativa de frontera. Los indígenas, aunque definidos como “argentinos” en algunos textos, no podrían ser considerados como tales sin ejercer violencia simbólica sobre su identidad colectiva. Sabemos que en la Patagonia muchos de ellos provenían allende la Cordillera de los Andes y podrían ser (y de hecho fueron) designados como “chilenos” por la historiografía nacionalista argentina. Algo semejante ocurre con otras minorías sin derechos como los afrobrasileños, afrocaribeños o poblaciones aborígenes en distintos contextos latinoamericanos.
Claudia Torre, Álvaro Fernández Bravo Florencia Garramuño Pablo AnsolabehereMartín Servelli.
Esta área se ocupa de relevar un corpus de obras de la literatura argentina de los siglos XIX, XX y XXI en relación con la representación y las prácticas del terror y de la violencia. Se propone indagar, en principio, sobre la relación entre el terror (como un modo literario pero también como una forma de entender y practicar la política) y el origen de la literatura argentina. Pero también avanza sobre otros momentos condensadores de la historia nacional, en los que se cruzan géneros, prácticas e instituciones que definen nuevas formas de entender la literatura. En este sentido resulta clave el estudio de la cultura militar, sus instituciones, su historia y sus intervenciones en la esfera política y social argentina, para analizar discursos que se proyectan fuera de lo castrense, hasta llegar a la cultura revolucionaria militarizada de la década del 70. Por otro lado, una de las principales características de la literatura latinoamericana contemporánea es la exacerbación de la violencia. La literatura colombiana del sicariato o la literatura brasileña que acompaña la proliferación de la marginalidad social son quizás los ejemplos más salientes de una tendencia que se da en diversos contextos nacionales, primordialmente en literatura de carácter urbano. El realismo, tradicionalmente asociado a la representación de lo contemporáneo y a los temas considerados “bajos”, ha sido una de las estéticas privilegiadas para referirse a la violencia y, por lo tanto, esta área se ocupa también de analizar las transformaciones de esta estética en la representación de la violencia en la actualidad.
Claudia Torre Pablo Ansolabehere Luz Horne Mario Cámara (link a Humanidades/profes/asistente de docencia)Martín Servelli.
Esta área estudia las relaciones entre las diversas literaturas latinoamericanas y su inserción en la cultura contemporánea. El recorte de literaturas nacionales se ha convertido en una forma rígida, arcaica y restrictiva, horadada por fenómenos insoslayables como la migración y la diáspora, los cambios de lenguas y tradiciones y la presencia de literaturas híbridas, como las literatura chicana y la hispana en los Estados Unidos, las lenguas indígenas o mestizas en América latina (incluyendo obras escritas en portuñol), las obras de escritores migrantes en diversos contextos mundiales (latinoamericanos en Europa, asiáticos, europeos o norteamericanos en América latina) que iluminan el problema y llaman a replantear enfoques.
Asimismo, la ubicación de la literatura como parte de una comparación permite expandir el estudio del lenguaje literario a la relación con otros lenguajes artísticos como el cine y las artes visuales y discursos no considerados tradicionalmente bajo la categoría “literatura”. Tanto la literatura como otras disciplinas artísticas entendidas en su especificidad han sido sometidas a una serie cada vez más radical de expansiones y redefiniciones que han encontrado en la intersección de diversos medios y procedimientos una de sus estrategias más conspicuas y radicales en la definición del rol y de la función de las prácticas artísticas en el presente. En estos cruces se produce también una redefinición de lo autobiográfico o los géneros de lo “íntimo”, en donde lo afectivo se superpone en muchos casos a un gesto etnográfico, documental o incluso en muchos casos antropológico. Atender a estas intersecciones y perseguir la constante redefinición de estos límites con el objetivo de aprehender las formas de figuración y de actuación de estas prácticas en el seno de la cultura contemporánea, implica también preguntarse por las políticas de estas nuevas formas estéticas.
Luz Horne Mario Cámara Álvaro Fernández Bravo Florencia Garramuño Cinthia Edul (link a Humanidades/profes/asistente de docencia) Santiago Olcese
Este campo propone estudiar las zonas de contacto entre tradiciones literarias más allá de los recortes nacionales que han organizado los estudios literarios. Las culturas no europeas como la latinoamericana, pero también las literaturas del Caribe, África y Asia, establecieron históricamente relaciones de dependencia con otras tradiciones, primordialmente metropolitanas pero también entre los respectivos contextos periféricos, con las que tuvieron un diálogo fructífero. Este campo propone recorrer los vínculos establecidos y los circuitos de tráfico de ideas en su huella escrita (ensayos, epistolarios, obras literarias, crónicas y publicaciones colectivas) poniendo en relación contextos coloniales, poscoloniales, modernos y posmodernos. Un ejemplo de este fenómeno es la obra de Franz Fanon, que tuvo una circulación significativa tanto en América Latina como en Europa, África y Asia y produjo un impacto sobre los movimientos de liberación poscoloniales. Otro caso a considerar es la revista Sur en la Argentina, que alcanzó a un público extendido en toda América Latina, como lo han testimoniado autores como Mario Vargas Llosa y Octavio Paz, y contribuyó a la canonización universal de la obra de Borges. A su vez, la revista recibió colaboraciones de autores norteamericanos y europeos, acogió en sus páginas a diversos grupos de intelectuales antifascistas exiliados durante la Segunda Guerra Mundial y tuvo una significativa proyección internacional. Un tercer caso –relacionado con este contexto histórico dado por la Segunda Guerra Mundial– es el impacto que ciertas tendencias del modernismo europeo, como la Bauhaus, tienen en la recuperación de la cultura artesanal (indígena y afrobrasileña) en Brasil y Argentina a mediados del siglo XX. La incidencia que esta recuperación tiene en la concepción de lo popular, en la definición de qué es lo artístico y en la decisión de qué se incluye y qué no dentro de la cultura nacional, se puede ver, por ejemplo, en la acción cultural y obra escrita de la arquitecta ítalo-brasileña Lina Bo Bardi (ampliamente influenciada por el pensamiento de Antonio Gramsci), o en la obra de la fotógrafa germano-argentina Grete Stern (ella misma alumna de la Bauhaus de Berlin). En un contexto muy diferente, tanto el período colonial como la primera mitad del siglo XIX son períodos ricos en intercambios intelectuales entre autores de las Américas (como lo ha estudiado Rafael Rojas), Europa e incluso el mundo africano. Durante el momento finisecular, la inmigración europea trajo consigo tradiciones culturales (anarquismo, bohemia, socialismo, vanguardias) que contribuyeron a configurar el sesgo cosmopolita de las modernidades latinoamericanas. En la fase contemporánea, la deslocalización de textos y autores aparece como un rasgo característico de los nuevos realismos y sirve para leer obras como las de João Gilberto Noll, Sergio Chejfec o John M. Coetzee, situadas en una constelación donde lo local siempre resulta entrelazado con lo global.
Pablo Ansolabehere Álvaro Fernández Bravo Luz Horne Santiago Olcese